Adultocentrismo

Por Carolina Aguilera Apuntes No hay comentarios en Adultocentrismo

Probablemente sea la primera vez que escuchas esta palabra, y probablemente también, aun no sabiendo lo que significa, lo practicas.

El adultocentrismo se basa en la superioridad de poder que tienen los adultos respecto a los niños/as y jóvenes. Implica entender que los adultos tienen más derechos que los menores, es una forma de educar en la que la obediencia ha de ser ciega y en la que se pueden utilizar métodos que no utilizaríamos con adultos por cuestiones morales.

Veamos algunos ejemplos:

–          Nuestra novia está navegando por internet la llamamos para que venga a cenar y nos dice varias veces “voy ahoraaa”. Aunque repitiéramos esta llamada varias veces y continuará sin venir,  ¿iríamos a la habitación dónde está y le daríamos un bofetón? ¿le retiraríamos el plato de la mesa y le diríamos que se queda sin cenar? ¿le apagaríamos el ordenador y le esconderíamos el ratón en algún armario? Sin embargo si en el ejemplo cambiara “Nuestra novia” por “nuestro hijo” nos parecería un comportamiento de lo más normalizado.

–          Nuestro hermano viene a comer a casa, hemos hecho lentejas y tortilla de patata. Él nos dice, “si no te importa yo espero a la tortilla que las lentejas no me apetecen”. ¿Le obligaríamos a comérselas? ¿le gritaríamos hasta que se las comiera? ¿le diríamos que si no se come las lentejas no hay tortilla? Sin embargo, si se trata de nuestro hijo en lugar de nuestro hermano, nuevamente no nos sorprenden esos comportamientos.

Si a los adultos no les pegamos, amenazamos, castigamos, asustamos cuando no hacen lo que nosotros queremos, ¿por qué lo hacemos con los niños y niñas?

Si la respuesta es “para que aprendan”, parémonos a pensar, ¿qué les estamos enseñando?  ¿Qué están aprendiendo?

Cuando les pegamos les estamos enseñando:

–          Que los conflictos se resuelven agrediendo.

–          Que son malos  y merecen ese castigo.

Cuando les pegamos están aprendiendo:

–          Cuando alguien no me obedezca le pegaré para conseguirlo.

–          Soy malo por eso mamá y papá me hacen daño (autoestima y sistema de apego erosionado).

(Si estás pensando ahora mismo cosas del tipo: “A mí me pegaron de pequeño y no estoy traumatizado” simplemente piensa que no sabes cómo hubiera sido si no te hubieran pegado, cómo serías tú, cómo sería la relación con tus progenitores… Quizá existan problemas con tus hijos/as  por esto mismo, porque tus necesidades no fueron cubiertas y ahora no sabes cómo responder a las de tus propios hijos/as).

Lo mismo ocurre cuando les gritamos, amenazamos, castigamos, insultamos o ignoramos. Es una manera de conseguir mediante el uso de la fuerza el objetivo que el adulto quiere. ¿Qué pensamos cuando observamos esos métodos entre adultos? No lo vemos ético, ¿verdad?, tachamos a esas personas de agresivas, manipuladoras… Sin embargo con la infancia si está permitido. ¿Por qué? ¿Tienen menos derechos?

Imagen obtenida de la web www.guioteca.com

Imagen obtenida de la web http://www.guioteca.com

A estas alturas quizá estaréis pensando que de alguna manera vuestros hijos e hijas tienen que “aprender”. Es esencial enseñar a los menores que los actos tienen consecuencias. Pero, ¿cómo podemos realizar esta labor? Poniéndonos en su lugar, entendiendo el porqué de su comportamiento, analizando si verdaderamente es un problema y explicándole con cariño y respeto otras opciones de actuar que consideremos más beneficiosas. Siempre pensando en las necesidades de los y las menores,  siendo sinceros/as con nosotros/as mismos y valorando si lo que queremos que hagan es por su propio beneficio o sólo por el nuestro.

Dice la psicóloga Rosa Jové en su libro “Ni rabietas ni conflictos” Queremos niños sumisos, pero que de mayores no lo sean. Censuramos a un adulto que sea sumiso, pero queremos que nuestros hijos sean obedientes a ciegas. Un niño mandón no es bien valorado, pero un adulto con dotes de mando sí. (…)Usted no quiere una hija que de mayor sea sumisa en su matrimonio o en su trabajo; usted quiere una hija capaz de reclamar un aumento de sueldo si le pertenece y de plantar cara a su pareja si es un maltratador.

Llegados a este punto, es imprescindible advertir que los comportamientos disruptivos  de los niños consultados en las clínicas de psicología no son un problema aislado  de los cuales los menores son responsables, sino el resultado de las relaciones familiares, de los sistemas de apego. Por eso, hemos de fijar la mirada en los padres y madres, ayudarles a entender sus propios comportamientos, y mostrarles cómo influyen sobre sus hijos e hijas. Hacerles ver que pueden estar repitiendo patrones de sus propios progenitores, para que puedan recordar cómo les hacían sentir cuando les ignoraban, les pegaban o les castigaban. Es necesario que los padres y madres resuelvan los conflictos de su propia infancia para que no proyecten su rabia, tristeza o frustración contenida, en sus propios hijos e hijas.

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